Santoral: Beato Agustín Kazotic, obispo y beato Francisco Bandrés Sánchez, presbítero y mártir

Beato Agustín Kazotic, obispo

En Lucera, en la Apulia, beato Agustín Kazotic, obispo, de la orden de Predicadores, que en un principio estuvo al frente de la Iglesia de Zagreb y, posteriormente, por la hostilidad del rey de Dalmacia, asumió la sede de Lucera, donde desarrolló una gran obra de ayuda en favor de los pobres y los necesitados.

Agustín Gazotic (o Kazotic) nació en Trogir, ciudad de la Dalmacia, hacia el año 1260. Tomó el hábito de los frailes predicadores antes de cumplir los veinte años. Después de la profesión, fue enviado a estudiar en la Universidad de París. Durante el viaje a la ciudad, estuvo a punto de perecer, ya que al cruzar por el distrito de Pavía, Agustín y su compañero, el hermano Jaime, fueron víctimas de un asalto. Los bandoleros dieron muerte al hermano Jaime y Agustín recibió heridas de las que tardó varias semanas en reponerse. El beato predicó con gran fruto a sus compatriotas. También fundó en su patria varios conventos de su orden, a los que dio por lema las palabras de san Agustín: «Desde que estoy al servicio de Dios no he conocido hombres más buenos que los monjes que viven santamente, pero tampoco he conocido hombres más malos que los monjes que no viven como debieran». Después de predicar en Bosnia e Italia numerosas misiones, en las que demostró su gran caridad y prudencia, fue enviado a trabajar en Hungría, donde las constantes guerras civiles habían sembrado la miseria material y moral. Ahí conoció al cardenal Nicolás Boccasini, legado pontificio, quien sería más tarde Papa con el nombre de Benedicto XI. Cuando el cardenal Boccasini ciñó la tiara, en 1303, mandó llamar al beato Agustín y le consagró obispo de Zagreb, en Croacia.

El clero y toda la diócesis de Zagreb necesitaban urgentemente una reforma. El beato reunió varios sínodos disciplinares, cuyos cánones puso en ejecución en frecuentes visitas pastorales y fomentó las ciencias sagradas y el estudio de la Biblia mediante la fundación de un convento de la Orden de Santo Domingo. Además, asistió al Concilio ecuménico de Vienne (1311-12) . A su retorno, sufrió la persecución del gobernador de Dalmacia, Miladino, contra cuya tiranía y exacciones había protestado. El beato poseía en grado extraordinario el don de curar a los enfermos. Según se dice, curó el reumatismo de las manos que aquejaba a Benedicto XI cuando éste le confirió la consagración episcopal. También se cuenta una divertida historia acerca del modo como trató de deshacerse de quienes acudían a él para que los curase: después de plantar un limonero, dijo a las gentes que las hojas de ese árbol poseían más propiedades curativas que sus manos. Dios y los cristianos le tomaron la palabra, y aun los turcos respetaron el árbol milagroso cuando invadieron la región.

Tras de regir durante catorce años la diócesis de Zagreb, el beato fue trasladado a la sede de Lucera en la provincia de Benevento. Ahí trabajó con todas sus fuerzas por desarraigar la corrupción moral y religiosa que los sarracenos habían dejado tras de sí. Casi todos los musulmanes que quedaban en la ciudad, en 1300, se convirtieron de golpe. El rey Roberto de Nápoles le apoyó ardientemente y dotó a un convento de dominicos quienes colaboraron celosamente con su obispo, de manera que en cinco años, se produjo un cambio radical en la región. Desde los miembros de la familia real hasta el último de los fieles, todos veneraban al beato Agustín. Su muerte ocurrió el 3 de agosto de 1323. Su culto fue oficialmente confirmado en 1702.

La principal fuente es una biografía latina escrita apenas en el siglo XVII por Tomás Marnavie, obispo de Bosnia. Dicho autor afirma que el apellido del beato era Guzottus. La obra puede verse en Acta Sanctoram, agosto, vol. I.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Beato Francisco Bandrés Sánchez, presbítero y mártir

En Barcelona, nuevamente en España, beato Francisco Bandrés Sánchez, presbítero de la Sociedad Salesiana y mártir, que, en tiempo de la misma persecución, confirmó con su sangre su fidelidad al Señor.

Era natural de Hecho, diócesis de Jaca y provincia de Huesca, donde nació el 24 de abril de 1896. Cuando tenía nueve años su familia se trasladó a Huesca e inscribió al niño en el colegio salesiano. En contacto con los religiosos se sintió llamado a la vida salesiana y fue acogido en la congregación el año 1914. Hizo el noviciado, los votos religiosos, y seguidamente los estudios eclesiásticos, ordenándose sacerdote el año 1922. Tras prestar diferentes servicios se le encomendó, en 1927, la dirección del colegio de Mataró, donde realizó una magnífica labor hasta 1934 en que fue enviado a dirigir la casa de Barcelona-Sarriá.

 

Era un verdadero hombre de acción y de gobierno. Cuando estalla la revolución del 18 de julio de 1936, procuró mantener la serenidad y confiaba en que la presencia de tantos internos en el colegio serviría de parapeto para que la casa fuera respetada. Pero el día 21 a las cinco de la tarde los religiosos fueron expulsados del colegio. El director le dio a cada uno cien pesetas y les dijo que cada uno buscara refugio donde mejor pudiera. No cabía hacer otra cosa. Él se fue junto con otro religioso a la casa de su hermana Pilar, que los acogió. Cuando supo la muerte de algunos religiosos quiso tomar el tren para dirigirse al extranjero, pero al carecer de pasaporte no le fue posible. En la noche del 3 de agosto varios milicianos se presentaron en casa de su hermana preguntando por don Ramón Cambó, que era el administrador del colegio. D. Francisco Bandrés dijo que no estaba pero que él era el director. Entonces fue arrestado sin que sirvieran sus alegatos de que su colegio hacía un gran bien social. Llevado al Hotel Colón, que era la sede del POUM (Partido Obrero Unificado Marxista), le fue quitada la vida en los calabozos. Fue beatificado el 11 de marzo de 2001 por el papa Juan Pablo II en la ceremonia conjunta de los 233 mártires de la persecución religiosa en Valencia de los años 1936-1939.

fuente: «Año Cristiano» – AAVV, BAC, 2003
  • Luciano Gonzalez

    Locutor- Productor- Editor

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