Evangelio del día: Miércoles de la vigésimo séptima semana del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Lucas 11,1-4.

Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos».
El les dijo entonces: «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino;
danos cada día nuestro pan cotidiano;
perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación».
 
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
 

Tertuliano (c. 155-c. 220) teólogo

Sobre la oración, 1-10 (Le Pater expliqué par les Pères, Franciscaines, 1951), trad. sc©evangelizo.org

“Padre, ¡santificado sea tu Nombre!”

La expresión “Dios Padre” no había sido revelada. Cuando Moisés pregunta a Dios quién era él, escuchó otro nombre. El nombre ha sido revelado a nosotros por el Hijo. Ese nombre implica el nombre nuevo “Padre”. “He venido en nombre de mi Padre” (Jn 5,43), “Padre, glorifica tu nombre” (Jn 12,28) y aún más explícitamente “He manifestado tu nombre a los hombres (Jn17,6). Por eso le pedimos “Que tu nombre sea santificado”. No significa que el hombre debe hacer votos a Dios como si necesitara nuestros augurios. Sino que tenemos que bendecir a Dios en todo tiempo y lugar, para rendirle el homenaje de reconocimiento que todo hombre debe a su benevolencia. La bendición cumple con ello. El nombre de Dios es siempre santo y santificado, ya que santifica a los otros nombres. La armada de ángeles que lo rodea, no cesa de cantar “¡Santo, Santo, Santo!”. Nosotros, que aspiramos a compartir la bienaventuranza de los ángeles, nos asociamos desde ahora a sus voces, cantando ya nuestra dignidad futura. Por la gloria de Dios. En cuanto a la oración, cuando decimos “Que tu nombre sea santificado”, demandamos que sea santificado en nosotros. Nosotros, que estamos en él, y también en los otros, en los que la gracia de Dios todavía espera ser recibida. Así nos conformamos al precepto de rezar por todos, mismo por nuestros enemigos. Por eso decir “Que tu nombre sea santificado”, es pedir que lo sea en todos los hombres.

  • Luciano Gonzalez

    Locutor- Productor- Editor

    Related Posts

    Santoral: San Sofronio de Jerusalén y San Vicente León

    San Sofronio Nació en Damasco, hacia el año 560. Pasó veinte años bajo la dirección experta de San Juan Mosco. Juntos visitaron varios monasterios de Egipto, con el  propósito de pasar…

    Evangelio del día: Miércoles de la Tercera semana de Cuaresma

    Evangelio según San Mateo 5,17-19. Jesús dijo a sus discípulos:«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.Les aseguro…

    Deja una respuesta

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *