Evangelio según San Juan 6,52-59.
Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».
Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.
Recibir con Fe un gran misterio de Amor
[Santa Catalina escuchó a Dios decir:] Queridísima hija, abre bien los ojos de la inteligencia para contemplar el abismo de mi Caridad. No existe una criatura razonable en la que el corazón no se quiebre por la fuerza del Amor, al considerar todos los bienes con los que los he llenado, las gracias que reciben en este Sacramento. (…) ¿Quién gusta y ve y toca este sacramento? Los sentidos del alma. ¿Con qué ojos lo ve? Con los ojos de la inteligencia, si esos ojos poseen la pupila de la santa Fe. Estos ojos ven con pureza a Dios entero, al hombre entero, la naturaleza divina unida a la naturaleza humana. Ven el cuerpo, el alma, la sangre de Cristo, el alma unida a su cuerpo, el cuerpo y el alma unidos a mi naturaleza divina, sin que ella esté separada de Mi. (…) ¿Y quién la toca? Las manos del Amor. Si, es con estas manos que el alma toca lo que los ojos del espíritu han visto y conocido por la fe en el sacramento. Ella toca con sus manos de Amor, asegurándose de aquello que la inteligencia ha visto y conocido por la Fe. ¿Quién lo gusta? El gusto del santo deseo. El gusto corporal gusta el sabor del pan y el gusto del alma -que es el santo deseo- gusta al Dios-hombre. Ves que los sentidos del cuerpo aquí son decepcionados, pero no lo son los sentidos del alma, gracias a la luz y la certeza que ella posee en sí misma. Los ojos de la inteligencia han percibido con la pupila de la santísima Fe. Habiendo visto y conocido, toca con fe, con las manos del Amor lo que ha conocido con la fe. Con ese gusto que está en ella, por el ardiente deseo, el alma gusta lo que vio y tocó, el Amor inefable de mi ardiente Caridad. Es este Amor que ha querido invitarla a recibir un misterio tan grande, con la gracia que produce, en este Sacramento.




Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa