Evangelio del día: Quinto domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 5,13-16.

Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.
 
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios. 
 

Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179)

abadesa benedictina y doctora de la Iglesia

El Libro de las Obras divinas 6 (“Hildegarde de Bingen, Prophète et docteur pour le troisième millénaire”, Béatitudes, 2012), trad. sc©evangelizo.org

El verdadero creyente ilumina al mundo

En la efusión de su corazón, los verdaderos fieles consideran la grandeza de la potencia divina. Constatando la inestabilidad de su espíritu y la debilidad de su corazón, miden sus actos para no caerse al depasar la medida justa en lo necesario, superior o inferior. Por eso Pablo recomienda a sus fieles “Procedan en todo sin murmuraciones ni discusiones : así serán irreprochables y puros, hijos de Dios sin mancha, en medio de una generación extraviada y pervertida, dentro de la cual ustedes brillan como haces de luz en el mundo, mostrándole la Palabra de Vida” (Flp 2,14-16). El hombre está en una disyuntiva. Si busca en la luz la salvación que viene de Dios, la obtendrá. Si elije el mal, seguirá al diablo para del castigo. El hombre debe soportar su naturaleza y todas sus obras sin murmurar, sin las deformaciones del pecado, sin contestaciones, conduciéndose como verdadero creyente. Si ama el bien y detesta el mal, no pondrá nunca en riesgo su liberación el día del último juicio, cuando será separado de las criaturas que abrazaron el mal, desviándose del bien. Los que actúan amando el bien y buscando de no herir a nadie, viven en hijos de Dios, en la sencillez de las buenas obras, evitando murmuraciones y vanas disputas, rechazando sentimientos negativos y mundanos. Insensibles a las trampas de la seducción, animan la estima de los que se felicitan de su coraje en medio de una generación pervertida. En la perfección de su verdadera fe, brillan como esos astros con la misión de iluminar el mundo, como ha decidido el Creador del universo. Con una doctrina que se encarna en la vida, convertirán hombres a Dios. Es de esta manera que el Hijo de Dios, sin pecado, ha dado a todos su Luz.

  • Luciano Gonzalez

    Locutor- Productor- Editor

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