Evangelio del día: Lunes de la Trigésimo segunda semana del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Lucas 17,1-6.

Jesús dijo a sus discípulos: «Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!
Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.
Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, perdónalo».
Los Apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe».
El respondió: «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, ella les obedecería.»
 
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios. 
 

Santa Catalina de Siena (1347-1380)

terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa

A la luz de la fe (Jésus Christ notre Résurrection, Cerf, 1980), trad. sc©evangelizo.org

¡Ilumíname con la luz de la santísima fe!

¡Oh Abismo! ¡Deidad eterna! ¡Océano sin fondo! ¿Puedes darme más todavía que darte tú mismo? Eres el fuego que arde siempre y nunca se apaga. Eres el fuego que consume el amor propio del alma. Eres el fuego que funde el hielo. Iluminas. A tu llama he conocido la Verdad. Eres la luz más allá de toda luz, que aclara sobrenaturalmente la mirada de la inteligencia, con tanta abundancia y tanta perfección, que esclareces la luz de la fe. En esta fe, veo que mi alma tiene la Vida y en esta luz te recibo, oh Luz. Con la luz de la fe, poseo la sabiduría en la sabiduría del Verbo. Con la luz de la fe, soy fuerte, constante y perseverante. Con la luz de la fe, espero y no desfallezco en camino. Esta luz me enseña la verdadera vía, sin ella iría hacia las tinieblas. Por eso te suplico, Padre eterno, ilumíname con la luz de la santísima fe. (…) Oh Trinidad eterna, en la luz que me has dado, con la santísima fe, he conocido el camino de la gran perfección. Me la has mostrado para que te sirva en la luz y no en las tinieblas. Para que sea un reflejo de buena y santa vida y me arranque por fin a la miserable existencia que llevo, por falta mía, en la tiniebla. (…) Revísteme, oh Verdad eterna, revísteme de ti, para que mi vida mortal transcurra en la obediencia verdadera y en la luz de la santísima fe, con la que has embriagado mi alma.

 
  • Luciano Gonzalez

    Locutor- Productor- Editor

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