Evangelio según San Lucas 13,22-30.
Una persona le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?». El respondió:
«Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán.
En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Y él les responderá: ‘No sé de dónde son ustedes’.
Entonces comenzarán a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas’.
Pero él les dirá: ‘No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!’.
Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera.
Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios.
Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos».
“Traten de entrar por la puerta estrecha” (Lc 13,24)
No podemos tener nada estable en un mundo en el que hemos venido para pasar. Para nosotros, vivir es cada día dejar la vida y pasar. (…) La mutabilidad, el hombre no la sigue solamente en su cuerpo, sino también en su alma, cuando se esfuerza en subir hacia lo mejor. Bajo el peso de su mutabilidad, el alma es llevada sin cesar hacia lo que ella no es. Si ella no es retenida en su primer estado por la estricta vigilancia de la disciplina, resbala hacia lo peor. Manteniendo su esfuerzo hacia lo mejor, realiza una subida a contra corriente. Si se relaja en su intención de subir, es llevada sin esfuerzo hacia el bajo fondo. Sí, subir es esfuerzo y descender facilidad, y es por la puerta estrecha que entraremos. El Señor lo recuerda: “Traten de entrar por la puerta estrecha” (Lc 13,24). En el momento que menciona la entrada por la puerta estrecha, primero recuerda: “Traten”, ya que sin la ferviente contención del espíritu, es invencible la fuerza de este mundo que lleva sin cesar el alma hacia lo bajo.








San Gregorio Magno (c. 540-604) papa y doctor de la Iglesia